Identidad racial

En inglés existe un concepto "passing" que alude a la identidad racial y más a un miembro de un determinado grupo racial que adopta medidas o acciones características de otro grupo racial sólo para que sea aceptado por el segundo. Durante mucho tiempo, se usaba este término para referirse a personas que tenían un fondo racial mixto y lo más característico fue que intentaban asimilarse a la mayoría blanca ¿por qué? Por una serie de razones que resultan bastante obvias.


Aunque se ha demostrado que la raza no influye en la anatomía (especialmente en las actividades cognitivas) del hombre, la importancia que se da al color de la piel aún persiste en nuestra sociedad. Hay teóricos que dicen que los blancos automáticamente se aprovechan de la "blancura" sin darse cuenta; es decir, ser blanco significaba no sólo tener un estatus social bastante alto, pero se interpretaba como un derecho legal. En el momento que uno tenía alguna gota de sangre africana en sus venas, a esta persona se le situaba por debajo de los blancos, y lo que es peor, su condición pasaba de ser  un ser humano a un esclavo. En otras palabras, ser blanco no sólo era un privilegio pero una propiedad legal en la sociedad, sobre todo norteamericana.


Con eso emerge la idea de la pureza sanguínea: hubo una constante ansiedad en la identificación de los blancos, porque la apariencia puede engañar. Así pues, se procedía a estudiar los árboles genealógicos de toda la población norteamericana para segregarla. Todo ello supone atribuirle un gran significado social al concepto de la raza, y surgen consecuencias e implicaciones que resultan inevitables para los afroamericanos.
Hay quien dice que la raza es un concepto que simboliza conflictos e intereses sociales, sólo refiriéndonos a tipos de los seres humanos. La raza no se ve como una esencia de cada ser humano, sino una construcción artificial  que define el poder, la interacción social y, aún más notable, la formación de la identidad de las personas.

No voy a adentrarme en las asociaciones raciales que tienen las personas, pero es interesante ver el siguiente anuncio:

Mhm, se vinculaba la blancura con la civilización, cultura y educación; mientras ser negro significaba ser primitivo, salvaje y no obedecer las leyes (muy victoriano). Ahora bien, tal y como mencioné anteriormente, el movimiento artístico del renacimiento de Harlem, no hice hincapié en el objetivo de los teóricos de aquella tendencia literaria y es que intentaron representar el primitivismo como algo relacionado con la creatividad y espontaneidad. No obstante, antes de esta bella perspectiva que nos proporcionaron los autores afroamericanos, existía el punto de vista más discriminatorio: ser salvaje aludía a no ser civilizado, y así es como se veía la población afroamericana durante muchos años: como seres sin coordinación alguna.

Ahora bien, eso fue hace muchos años, y algunos piensan que hoy en día, la noción de la raza no es relevante en nuestra sociedad. Mentira. Os lo demuestro con una serie que sacó FX Networks en 2006 llamada "Black. White.", y básicamente la serie consiste en presentar dos familias: una blanca y otra afroamericana, que cambian de su respectivo color (evidentemente, artificialmente, a través del maquillaje). El resultado es el siguiente:


¿Quién es quién?

Literatura medieval

He decidido dedicar una entrada a las prodigiosas maravillas de las misteriosa Edad Media inglesa porque me di cuenta que, desgraciadamente hay poco material acerca de esta época en español; así pues, allá vamos.
No voy a adentrarme en los detalles históricos ya que anhelo incluir datos literarios relevantes y vinculados al tema. Empezaré por el gran escritor y diplomático inglés: Geoffrey Chaucer. Es una figura célebre que destaca en el campo de la literatura por su grandiosa obra Cuentos de Canterbury, pero hoy no voy a comentarla. No obstante, nos vamos a centrar en Troilo y Crésida, un poema que narra la trágica historia de los dos amantes cuyos nombres, supongo que os podéis imaginar.


Ahora bien, con esta información, hay que empezar a matizar algunos aspectos típicos de la Edad Media. Durante el medievo, existían dos conceptos, que en un principio se consideraban totalmente contradictorios, y son los conceptos de autor versus copista. Sabemos que durante la Edad Media tenían presente la idea aristótelica de "imitación", es decir, la obligación de cualquier escritor era inspirarse en un autor (preferiblemente clásico). En otras palabras, estaba totalmente prohibido y mal visto inventarse algo ¿por qué? Por una sencilla razón y es que la invención estaba estrechamente vinculada al mundo de la creación ¿y quién es el responsable de crear o más bien, qué ser tenía derecho a crear? Dios. Así que, en este mundo donde la religión dominaba todos los rincones de la sociedad, la literatura obviamente se vio afectada por ello. Por consiguiente, a los escritores medievales se les considera más que autores, copistas, porque verdaderamente nunca crearon nada, sino elaboraban con otro estilo diferentes obras (sobre todo clásicas). Chaucer era uno de ellos. Su obra Troilo y Crésida estaba inspirada en dos libros: primero Roman de Troie de Benoît de Sainte-Maure y por supuesto, Il Filostrato de Boccaccio ¿por qué digo "por supuesto"? Porque Chaucer estaba seriamente influenciado por la tendencia italiana y más por Boccaccio.


Para resumir la obra en pocas palabras: la trama gira alrededor de Crésida cuyo padre es un vidente que presagia la destrucción completa de la ciudad de Troya. Crésida abandonada por su padre se encuentra en Troya donde el valiente y apuesto caballero llamado Troilo nota su extraordinaria y singular belleza. Evidentemente se enamoran, luego Troilo le pide que sea su amante: ella se niega al principio, pero luego cede ante abundantes peticiones por parte de nuestro noble caballero. Con el conflicto que sucede, Crésida es llevada al campo de los griegos donde permanece durante mucho tiempo. Allí, se enamora de Diómedes y también se convierte en su amante. Troilo, enfurecido ante la inverosímil (para él) decisión pro parte de Crésida, decide matar a Diómedes, pero el problema es que se encuentra con Aquiles, que mata a Troilo sin piedad.


¿Y qué pasó con Crésida? Pues no se sabe. Ninguna de las tres versiones cuenta el final de la obra. Y aquí entra un autor escocés llamado Robert Henryson. Lo llamaré autor porque es él que por primera vez en la literatura inglesa proporciona un final alternativo al cuento original. Es decir, no sólo proporciona un final, pero también cambia totalmente el cuento, lo que se consideraba no sólo pecado, pero algo inaceptable en la sociedad inglesa de aquella época. Veamos cómo se ilustra en el poema (por desgracia, no hay nadie que lo haya traducido a español, así que os lo dejaré en escocés):

Wha wait, gif all that Chauceir wrait was trew?
Nor I wait nocht gif this narratioun
Be authoreist, or fenyeit of the new,
Be sum Poeit, throw his inventioun,
Maid to report the Lamentatioun
And wofull end of this lustie Creisseid;
And what distres scho thoillit, and what deid!

La palabra clave en este fragmento es "inventioun" que indiscutiblemente está asociada a la palabra española de "invención" que tal y como hemos establecido anteriormente está relacionada con la idea de "crear". Robert Henryson escribe el poema El Testamento de Crésida creando un final donde Crésida muere y Troilo es el que permanece con vida.


Fascinante. Tan sólo mirando una obra, y sus antecedentes históricos, podemos ver cómo las versiones evolucionan acorde a su época. Pero esto no es todo: proporcionando un final alternativo a las versiones anteriores, y centrándose en la noción individualista, el autor claramente presenta un aspecto humanístico, que es clave en la literatura renacentista. Una obra de transición. En otras palabras, estamos ante una obra que abarca y engloba de forma armoniosa dos mundos diferentes: Edad Media y el Renacimiento; el mundo del autor y copista.

                                                                                       (Bob Shepherd, la inspiración para este post)

Margaret Atwood

Hablemos de la escritora canadiense: Margaret Atwood. Como un breve resumen biográfico (y a nivel que nos interese), cabe desatacar que es una poetisa, novelista, ensayista y una crítica literaria muy famosa en los países de habla inglesa. Su corpus literario es muy abundante y variado: mirando solamente sus novelas, podemos ver que no sólo escribe novelas históricas sino también ciencia ficción, fantasía, etcétera. Por no mencionar el hecho de que ha sido nominada varias veces al Premio Nobel de Literatura.

Esto no es todo. Margaret Atwood también es una figura notable y sobresaliente en el mundo político. La protagonista de este post es miembro de varios organismos: entre ellos derechos humanos, de la mujer y por qué no, de las aves. Amén de eso, cuenta con un apoyo popular muy considerable entre los jóvenes canadienses por su participación en eventos sociopolíticos.


Ahora bien, es un hecho que en 2008 ganó le Premio de Príncipe de Asturias por su desbordante creatividad literaria durante su trayectoria como autora. Y debo admitir que al principio me llamó muchísimo la atención su forma de escribir y su dictamen sobre los conceptos de ficción e historia ¿a qué vino eso? Resulta que, hace tiempo leí una de sus obras y para especificar era una novela histórica llamada Alias Grace. "La novela de Margaret Atwood Alias Grace (1996) rescribe el archivo histórico para hacer sitio en él a un relato marginal, la historia de la convicta canadiense de origen irlandés Grace Marks. Recurriendo a la metaficción historiográfica, Atwood dota de poder a Marks para que inscriba una visión marcada en términos de género sexual de aquellos acontecimientos que la condujeron a prisión como una de las asesinas de Thomas Kinnear y Nancy Montgomery." (Originalmente resumido por Pedro Carmona Rodríguez).


Desde siempre existía la polémica sobre dos fenómenos ostensiblemente contradictorios y son: ficción e historia. La preguntas que surgen son ¿si es una novela, podríamos considerarlo como un hecho histórico?, ¿cuáles son los límites de historia o ficción? o ¿cuándo sabemos que estamos tratando con ficción o con hechos históricos? Pues bien, Margaret Atwood pone "fin" a este problema proponiendo una solución: "la escritura de obras de ficción es un arte del tiempo: la ficción cuenta historias. Y, a través de estas historias, nos conocemos a nosotros mismos y a los demás. Un país sin historias sería un país sin espejo: no proyectaría ningún reflejo. Un país así tampoco tendría corazón, pues la escritura es el arte de las emociones. Todo, en nuestras sociedades, se ve influido no sólo por la tierra que nos sustenta, sino por el mundo imaginativo que construimos, y en el que habitamos." Muy bonito y precede comunicando que la historia, en verdad, es ficción porque siempre tenemos un punto de vista, y el punto de vista al fin al cabo pues es subjetivo. En otras palabras, lo que obtenemos en un libro de historia, siempre son hechos descritos por alguien y ese alguien siempre proporcionará su punto de vista. Vale, estoy de acuerdo; pero con lo que estoy de acuerdo es considerar historia, ficción. 

Es cierto, que un autor puede reflejar las costumbres o tradiciones específicas y concretas de un período determinado, y el lector le es muy agradecido por ello, porque paso a paso de acerca más a conocer una época: vamos, una profundización del conocimiento. No obstante, seguiré separando novela histórica de historia en sí, por obvias razones: aunque tratemos con obras históricas desde perspectivas particulares al fin al cabo son hechos empíricos. Ahora bien, en historia no está el factor de crear, que supone presentar una acción con un trasfondo conductal y evidentemente se pierde un cierto grado de imparcialidad o mejor dicho, objetividad. Sin embargo, Atwood va más allá de eso y alude a los problemas de memoria, recordando los problemas de memoria a largo y corto plazo. Es decir, que aunque anhelemos recordar algún hecho, siempre añadimos una pizca de "invención" para rellenar. Sí, bien, es algo que sabemos; pero sigo sin entender por qué está la necesidad de denominar historia, ficción. Novela histórica siempre se centrará en casos particulares, donde hay una cierta libertad de cambiar o alterar a los personajes: en cuanto a su carácter, apariencia, e incluso modificar u omitir algún detalle histórico. En un libro de historia, nos proporcionan una visión más "global"o mejor dicho, más panorámica. En otras palabras, no tratamos con la psicología de las figuras (bueno, a veces, pero no profundizando y especulando sobre su carácter en sí), sino algo que afecte a la posteridad y a por ejemplo, la población de aquellos tiempos. 
En cuanto a la naturaleza de la palabra historia: en este contexto, Atwood la usa en plural como signo de testimonios  y perspectivas. Diciendo que la ficción cuenta historias, alude a diferentes puntos de vista, ¿o no?


En resumen, soy partidaria de diferenciar entre obras históricas (si es que hasta la palabra "obra" contiene connotaciones creativas) y recuentos históricos, donde obtengo información demostrable y verosímil. Poniendo el ejemplo de Alias Grace, la autora creó un personaje a partir de un personaje real: se sabe que existió una tal Grace Marks, pero no se sabía más que pequeños detalles acerca de su personalidad; así que, Atwood decidió darle forma, ideando e inventando hechos sobre su identidad, que no se sabe si eran verdad o no. La historia cuenta que se arrestó a Grace Marks por sus "crímenes", eso sí es historia, lo que va más allá de eso, es ficción.